sábado, 5 de marzo de 2011

Porfirio, su compadre Manuel y los ferrocarriles

Manuel había convivido con él desde las batallas contra los franceses. Llegó como subordinado de Porfirio para participar en el Ejército de Oriente y en la primera batalla que lucharon juntos fue en la de Miahuatlán. La amistad que surge en los hombres que comparten las armas suele ser profunda, sólida y honesta. En el zumbar de las balas y el retumbar de los cañones, los hombres deben confiar en el que tienen a su lado. Mutuamente se cuidan y se protegen. Por eso la amistad que surgió entre ambos estaba basada en la confianza. No fue de extrañar que se hicieran compadres. Su fidelidad, solidaridad y amistad duraría hasta el final de la vida.
Los franceses se fueron derrotados y Maximiliano fue fusilado. Juárez tomó la presidencia y vino una momentánea paz que duró hasta que don Benito estuvo vivo. A Porfirio siempre le gustó el poder y tuvo que batallar mucho para alcanzarlo. No sólo en el campo con el fusil, sino en las tribunas del Congreso donde "los perfumados", como él llamaba a los políticos que no se había formado en el ejército, se había burlado de él por los problemas de nervios que tenía al hablar en público. Esto lo supo Manuel. Quizá por eso renunció al puesto de diputado por Oaxaca que le ofrecieron. Él se sabía hombre de armas, no de discursos. Cuando Porfirio lo invitó para unirse al Plan de la Noria y derrocar a Sebastián, no lo dudó ni por un momento. Después de la derrota, las cosas no quedaron en Paz. La ambición de Porfirio era mucha. Manuel estaba consciente de esto y apoyaba a su compadre; por eso también lo siguó en el Plan de Tuxtepec que ese sí lo llevó a ocupar la silla. Los dos permanecieron muy cercanos. Manuel ocupó el puesto estratégico de Secretario de Comunicaciones y Obras Públicas. La urgencia era construir los ferrocarriles. Pero el congreso se oponía a que fueran los gringos los que metieran el dinero para tender las vías. Los miedos estaban bien fundados, no habían pasado ni 40 años desde que le habían arrebatado la mitad del territorio a la nación y dejarlos meter con sus locomotoras les facilitaría la invasión y la ocupación en caso de querer hacerlo.
Porfirio no era ningún tonto y cuando le pidió a Manuel que negociara con los norteños, primero tenía que asegurarse de que la intención no era la invasión. Manuel fue hábil negociando, tenía todas las cartas otorgadas por el presidente para que negociara con las grandes compañías el tendido de las vías en México pero sin que esto significara una posible invasión. De hecho logró que el gobierno norteamericano no metiera las narices en los asuntos del ferrocarril. Todo fue con compañías privadas.
Cuando lo logró, todavía era necesario convencer a los congresistas. Pero esa era una labor imposible. Después de tanto estar batallando para organizar las concesiones, Manuel tuvo que idear una estrategia que los diputados no les detuvieran en seco con sus discusiones interminables. La consigna era: construir el ferrocarril a toda costa.
Se reunieron los dos compadres con un montón de leguleyos y les pidieron que encontraran un resquicio en la ley para que el Congreso les dejara el camino libre. Después de estar lee y lee las leyes de arriba para abajo, de un modo y de otro, Manuel cayó en la cuenta que "era el gobierno" el encargado de dar las concesiones a compañías extranjeras. "El gobierno". No especificaba si era el Congreso, el Poder Judicial o el Ejecutivo. Al día siguiente, salió publicado en el Diario Oficial de la Federación el decreto en el que especificaba que el "gobierno", así sin aclarar, pero personificado por Porifirio y Manuel en la SCOP, tenían la capacidad legal de otorgar concesiones ferroviarias.
Todo este brete duró 4 años. Así es que cuando lo lograron, el periodo de Porfirio había acabado. Nadie mejor había para sustituirlo que su compadre, quien tan cerca había estado en las negociaciones del ferrocarril. Así que cuando llegó el momento, Porfirio sólo miró a Manuel y le dijo: "Sí, Manuel. Tu vas a ser el siguiente"...

sábado, 29 de enero de 2011

Situación problema una metodología para el aprendizaje de la historia

Delongeville desde mediados de la década de 1980 propuso la metodología de la situación problema para el aprendizaje de la historia. A pesar de que ya va para 20 de su propuesta, no la conocía. Mas me ha resultado esclarecedora y motivadora para la labor en el proceso de aprendizaje de esta materia.
Delongeville concibe que el aprendizaje es un proceso en el cual se transforman las nociones, o mejor dicho las prenociones que se tienen sobre los conceptos con los que trabaja la Historia. Una frase que me resultó muy gratificante, y que explica en buena medida la supuesta indiferencia que podemos ver en los alumnos durante la clase de historia, es que los maestros nos hemos dedicado a responder preguntas que los alumnos no tienen; así como a promover un aprendizaje que refleja una repetición, de parte de los alumnos, de lo que dice el maestro o los libros y que los alumnos se esfuerzan en hacer en aras de acreditar el curso. Pero no se motiva a la reflexión crítica ni a la transformación de las prenociones.
Relacionado con lo anterior y como idea rectora que une la propuesta de este autor tenemos al concepto de alteridad, Este concepto guía el aprendizaje porque permite tomar conciencia de los estereotipos que poseemos sobre los temas históricos y los podemos contrastar con las visiones que la otredad tiene de los mismos acontecimientos. Delageville trabajó con el concepto de bárbaros, nombre con el que los romanos llamaban a todo aquel que no fuera ciudadano. Sin embargo, "bárbaro" tiene una carga peyorativa y bien podía servir como sinónimo de incivilizado, de ignorantes, salvajes, al malo. Pero desde el punto de vista de la alteridad, los conceptos son diferentes. La alteridad que en este caso sería los alemanes no habla de "invasiones bárbaras", como eran llamados por los romanes, sino que hablan de flujos o movimientos de población.
Al enriquecer los conceptos y verlos con mayor profundidad en los que se considera a la alteridad, la prenoción se transforma, se amplía, se hace más profunda y con ello se logra el aprendizaje.
Pero sobre todo, trabajar con las situaciones problema se aspira a basar el proceso en los alumnos, considerarlos, partir de sus nociones, porque finalmente, los alumnos no son páginas en blanco en espera de ser escritos por la mano del profesor, sino que son cuadernos llenos de conceptos, de intereses, gustos. Partir de las posibles preguntas que los alumnos tienen ya significadas permitirá producir un aprendizaje útil para los alumnos.

martes, 16 de marzo de 2010

Sujetos, no objetos de las instituciones

Las instituciones son una serie de lineamientos y reglamentos explícitos o implícitos que tienen la intención de hacer más racional el mundo. Las instituciones son como una especie de marco referencial que proporciona seguridad sobre la acción del “otro”. En otras palabras las instituciones son acuerdos sociales mediante los cuales hacemos la vida más “sencilla”, menos caótica; gracias a ellas, sin duda, el nivel de los acuerdos se ha hecho cada vez más complejo. Como las instituciones no nacieron ayer, sino que muchas de ellas cuentan historias muy prolongadas, incluso de miles de años, adquieren la apariencia de haber estado ahí desde siempre y que su origen no tuvo nada qué ver con los acuerdos sociales que están detrás de ellas, sino que están ahí porque ahí deberían de estar, como si fueran algo “natural”, algo que siempre ha estado ahí y que no tuvieron un origen social.

El lenguaje, por ejemplo, tuvo un origen eminentemente social y fue algo muy difícil de alcanzar. Llegar a acuerdos para llamarle a las cosas no fue tarea sencilla. Sobre todo el principio, porque las generaciones que vinieron después ya no se les preguntó parecer con respecto a si con la palabra “montaña” llamábamos a ese cúmulo inmenso de tierra y piedras sobre el que crecían árboles y que la nieve pintaba de blanco su cima. Ya la “montaña” se convertía en una imagen mental que al ser escuchada o pensada dejaba de ser un simple sonido y se convertía en aquello inaprensible e incomprensible que se veía en la distancia. Desde luego, el lenguaje es una instituciones con el que logramos transmitir nuestro pensamiento mediante sonidos o símbolos de manera más o menos precisa; sin duda también nos hizo capaces de incrementar nuestro nivel de abstracción e incluso podría aseverar que tanto lenguaje como pensamiento se desarrollaron conjuntamente.

Al reproducir, sin producir variaciones, alteraciones, cambios o transformaciones, nos hacemos objetos de las instituciones. O sea, al seguir el acuerdo que se espera de las instituciones nos hacemos objetos de ellas. Al decir que nos hacemos objetos de ellas quiero decir que nos convertimos en el motor que las mantiene en funcionamiento. Nuestra energía y pensamiento se objetiva en el combustible que las alimenta. Como somos muchos los que nos objetivamos en nuestro actuar en las instituciones, éstas últimas adquieren una aparente fuerza y una inmensidad imposibles de transformar y pareciera como que esto es una verdad comprobada; sin embargo, las instituciones son simples castillos de naipes. Un pequeño soplido las puede derrumbar; mover naipes de lugares estratégicos también las puede traer abajo.

El lenguaje, por ejemplo, podría transformarse en el lapso de una generación. De hecho, cada generación hace variantes importantes al lenguaje. Desde luego el español que hablamos ahora en 2010 no es igual al que utilizó Cervantes en el Quijote. Ni escribimos igual un correo electrónico a como escribíamos una carta postal tradicional. Sin embargo, no por que se cambie la institución, esto quiere decir que ya no haya institución. Las instituciones son tan flexibles como el actuar humano; se estiran, se modifican, cambian, se transforman, pero de alguna manera siempre permanecen ahí. No se trata pues de eliminar las instituciones, eso sería una labor imposible y de lograrlo nos escaparíamos a una realidad individual que no podríamos compartir.

Pero no por esto quiere decir que estamos condenados a permanecer con las instituciones como están. Se pueden transformar a voluntad. Pero para logarlo primero es preciso sabernos sujetos de las instituciones y no meros objetos de ellas. En términos políticos, eso sería vivir en una república y ejercer la democracia. En tanto no actuemos como sujetos de las instituciones, seremos incapaces de vivir en la democracia. La revolución francesa se ha llevado los laureles con respecto a la creación de un orden político nuevo, ese el republicano y democrático. No obstante, la república y la democracia, al pasar del orden de las ideas al orden de la práctica, tuvieron una serie de desviaciones que impidió que se llevaran a cabo cabalmente.

A partir de la revolución francesa, las clases medias que durante el Ancient Régime tenían cancelada la oportunidad de ingresar a ocupar puestos públicos tuvieron oportunidad de ingresar en él y surgió una nueva burocracia basada en una supuesta racionalidad, cuyo sustento era la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley. En el mismo sentido la declaración universal de los derechos del hombre (y cuando digo hombre no están implícitas las mujeres), en términos conceptuales habíamos ingresado a un nuevo orden social y político; sin embargo, las primeras marginadas en Europa fueron las mujeres a quienes no se les dieron los derechos de ciudadanía y de ahí que no pudieran votar. La discusión en estos asuntos no fue sencilla; incluso hubo mujeres que al exigir los mismos derechos del hombre las acallaron matándolas. Una de ellas fue Olypmpe Gouges cuyo caso es emblemático, pues después de exigir ante la Asamblea el derecho a la educación y los derechos políticos para las mujeres, fue guillotinada por la Asamblea Nacional francesa y se resolvió prohibir el derecho a las mujeres de participar en los asuntos políticos. Otros nombres de mujeres que lucharon por la igualdad de derechos son Etta Palm d’Aldaers, Mary Wollstonecraft y Christine de Pisan, precursoras en manifestar las contradicciones políticas que había detrás del liberalismo, que cambiaba en apariencia un orden, pero no en su sentido profundo no respetaba ni sus propias promesas de igualdad ante la ley.

Estas contradicciones del liberalismo político no se detuvieron ahí. Cuando se definió el concepto de ciudadano, en varias constituciones los congresistas llegaron al acuerdo de que este derecho sólo debería estar reservado para las personas que supieran leer y escribir, pero que además comprobaran ser dueños de tierras. La marginación de los pobres era definida por la ley. Posteriormente, en el liberalismo se hicieron adecuaciones y se abrió la posibilidad de que mujeres, indígenas, negros, pobres tuvieran los mismos derechos políticos que cualquiera. No obstante, todavía hace falta que esta simulación de igualdad de derechos se ponga en práctica y eso sólo lo lograremos en la medida en que nos convirtamos en sujetos de las instituciones.

La participación política de los ciudadanos no es algo abstracto y que funcione de una vez y para siempre en todos los asuntos. Los ciudadanos participan en los asuntos públicos en la medida en que les afecta las medidas tomadas. No todos los ciudadanos participan en todos los asuntos políticos. Pero cuando ocurre algo que afecta directamente a cierta comunidad, esa gente se ve en la necesidad de actuar y de participar en las decisiones que les están afectando. Un asunto que es profundamente abstracto y que creo que nos afecta a todos los usuarios de internet es que las grandes corporaciones están dando los pasos jurídicos necesarios para hacer de internet un asunto privado y mediado por el dinero. Las grandes compañías de medios masivos se están esforzando porque se acepte una serie de leyes que impiden y penalizan bajar videos o música de internet. En cierto sentido su alegato tiene legitimidad; no obstante, como no pueden detener la compartición de archivos entre los usuarios (tarea en verdad imposible, porque más tardan en cerrar un servicio de compartición de archivos, para que se abran tres o cuatro más, como ocurrió cuando vencieron a Napster), lo que están proponiendo es que los usuarios que bajen archivos de video o música de manera ilegal, se les impida conectarse a internet. ¿Cómo? La idea de ellos es que los servidores de internet vigilen el uso que se da a internet; si detectan a un usuario infringiendo la ley, se le enviará por correo electrónico una amonestación donde se le previene que deje de hacerlo; si persiste, se le enviará una nueva amonestación y si no se detiene, entonces a la tercera se le informará que su cuenta de internet está cancelada y que no podrá volver a contratar dicho servicio en ninguna compañía.

El problema como se puede ver es muy espinoso. No sólo se está permitiendo invadir la privacidad de los usuarios para que se pueda conocer las páginas que visitan (cosa que ya tiene un buen tiempo haciendo Google); sino que también habrá a quienes se les impida tener conexión a internet por estar afectando los intereses de las grandes corporaciones de los medios masivos de comunicación. Nuevamente una serie de leyes prohibitivas imposibles de seguir y de vigilar (¿de verdad tienen semejante capacidad de vigilancia?); el juego del gato y el ratón recobra su vigencia…

lunes, 28 de septiembre de 2009

Copy left, Código abierto y Copy Right

En México las cuestiones legales muchas veces las pasamos por alto. Esto no sólo se presenta en los ciudadanos comunes y corrientes, sino en los niveles más elevados del poder. El concepto “estado de derecho” se emplea con una carga ideológica bastante mañosa por parte del Estado. Por ejemplo, cuando las “fuerzas del orden” propinan una golpiza a los manifestantes altermunditas o bien cuando golpean a mujeres, niños y ancianos en una manifestación contra el macrobús, nuestras autoridades justifican su actuar argumentando que no permitirán que se altere el “estado de derecho”. No obstante, a esas autoridades se les olvida que el llamado “estado de derecho” implica también que como Estado y como gobierno garanticen dignamente la alimentación, el vestido, la vivienda, la salud, la educación y el ocio a sus ciudadanos. Sin duda los leguleyos y los políticos son bastante buenos torciendo, a conveniencia, el significado de las palabras.
Quizá estamos tan acostumbrados a vivir en un orden legal que sólo tiene una existencia aparente y más bien priva la ilegalidad y la corrupción. Este estado de cosas está concentrado en varias frases que se han vuelto profundamente populares como aquella de que “el que no es tranza no avanza”. Los abogados en nuestro país tienen tan mala fama que se les llama “abogansters”, pues muchos de ellos actúan tal cual gánster (ladrones, asesinos, corruptos).
Desde luego que hay razones históricas para que en México se haya desarrollado esta cultura de la ilegalidad. Desde tiempos mesoamericanos hay evidencias de que en más de una ocasión los pueblos se levantaron contra sus dirigentes y fuertes y grandes civilizaciones como la teotihuacana parece haber desaparecido de un día para otro, lo mismo ocurrió en varias ciudades-estados mayas. En la colonia la corrupción fue de lo lindo. Fuimos gobernados por un rey que desconocía no sólo el territorio y su gente, sino las maneras de pensar, soñar y ser. En la conquista los europeos le contaron infinidad de mentiras al rey para evitar pagar el quinto real. Desde Hernán Cortés hasta Pedro Valivia, pasando por Nuño de Guzmán. Cuando se descubrieron las minas de Zacatecas, Potosí, Guanajuato, etc. con enormes e inimaginables riquezas, era más sencillo “arreglarse” con el visitador y los oidores, que enviarle el quinto real legal al rey. El territorio era tan inmenso que era prácticamente imposible manener un control y una supervisión adecuada. No sólo eso, incluso las misas autoridades coloniales tuvieron que desarrollar aquella bonita práctica de “se acata pero no se cumple” cuando el rey o el Consejo de Indias enviaban una ley que era imposible ponerla en práctica en la realidad americana.
En el siglo XIX y XX las cosas no cambiaron mucho. Después de la independencia el país quedó prácticamente desarticulado y gobernando por caciques locales. El Estado tuvo una larga marcha que recorrer para erigirse como una autoridad legal. Cuando lo logró, en el porfiriato, gracias a los ferrocarriles, al teléfono y al telégrafo, lo que se hizo fue entrar en negociaciones con los caciques regionales para que aceptaran las medidas del gobierno federal y éste dejaba manga ancha los los caciques para que “gobernaran legalmente” su dominios. Después de la Revolución, el sistema implantado por don Porfirio no se alteró en gran medida y continuaron los caciques regionales, con la novedad de que se crearon instituciones de control estrecho para la población hasta que se logró sustituir a las autoridades tradicionales por la nueva burocracia del Estado.
En la actualidad no hemos roto la dinámica de ilegalidad que nos ha permeado desde la colonia. Parece ocioso entonces hablar de la legalidad en los términos del software. No obstante, en este aspecto se está dando lo que puede ser una profunda transformación de la sociedad.
En nuestro país son muchos los que usan software que se denomina pirata. Las “copias de respaldo” de versiones de MS Windows se distribuyen que es un contento. Muchas personas no saben si quiera que su Windows proviene de una copia de respaldo (pirata pues) hasta que bajan una actualización del sistema operativo que les dice que no adquirieron una copia legal. Hay quien incluso reclama al técnico que lo instaló, cuando este les preguntó si querían pagar los 3000 pesos que cuesta el sistema ese a lo cual respondieron que no. Se bajan miles de archivos de música, películas, videos sin tener presente que esa actividad es ilegal. Incluso en los tianguis es fácil encontrar vendedores de software, de discos de música en formato mp3, dvd con películas... En fin la ilegalidad en términos computacionales es de lo más cotidiano.
Ante una realidad así es complicado referir que en el software existen tres tipos de licencias. Una que es gratuita y que otorga derechos para transformar con la única condición que des créditos a los creadores y que no restrinjas la distribución en ningún sentido con el añadido o corrección que se haya hecho. Esa licencia tiene por nombre licencia GPL/GNU que significa Licencia Pública General de Gnu, o también llamada Copy Left y que se opone a las licencias restringidas como son la Licencia de Código abierto. Este tipo de licencia se distribuye gratuitamente, aunque puede especificar que tan gratuita y que permisos se tienen para hacer transformaciones en la programación (o sea transformar el programa). O sea que es una licencia tipo copy right pero ligera, algo así como Copy Right Light. Por último, está el tradicional Copy Right tradicional que todos conocemos que impide la copia, la distribución y la transformación de los programas si no es con consentimiento del autor mediante un documento que lo avale.
Son tres modelos legales diferentes, uno que abre la puerta de par en par a la creación y a la distribución libre, el otro da ciertas oportunidades a esto y el último la impide con el fin de fomentar el lucro y “motivar” la creación de nuevos programas.
Esta discusión legal no tiene mucho tiempo. Antes sólo había dos tendencias antagónicas: la del copy left y la del copy right. La primera como ya lo dije tenía por finalidad otorgar los permisos legales para que los programadores pudieran crear, corregir y mantener el software asegurando la libertad, es decir impidiendo que un programador gandalla se aprovechara del trabajo de los otros con una modificación hecha por él, a la cual le introducía derechos de autor. Ese era el modelo que se había mantenido en el software libre como con GNU y con Linux. La otra tendencia legal era la mantenida por Ms Windows y Macintosh con su Leopard, entre otros. Ellos impiden las copias y la transformación del software.
Hace poco tiempo entre los programadores que mantenían el software libre hubo un rompimiento fuerte. Entre los programadores hay quienes no comparten la idea de desarrollar software libre, y quieren restringir un poco sus creaciones para obtener lucro con ellas. Fue el surgimiento del código abierto. Un software que es gratuito, pero que tiene ciertas limitaciones legales para ser distribuido y transformado, o sea un copy right light.
Hay varias distribuciones de sistemas operativos GNU/Linux, algunas de ellas son totalmente copy left, pero otras son de Código abierto (como Linux, Ubuntu...). Hay un fuerte desconocimiento con respecto a estos problemas. De hecho, muchos que forman la comunidad de Ubuntu ignoran esto (yo era uno de ellos y por eso promocionaba a este sistema operativo, como Raúl bien me lo señaló). Ignoraba por ejemplo que el explorador web Fire Fox era de código abierto con ciertas restricciones de copy right. Ignoraba y no comprendía también que el único explorador de software libre es el Opera... Sin duda es un universo complicado.
Entonces había estado cayendo en la defensa de algo con lo que no estaba de acuerdo. Sin embargo estas sutilezas legales en un país como el nuestro se pueden interpretar como una jugarreta. O sea en otras palabras ¿a quién le importa esto cuando vivimos en un país donde priva la ilegalidad? No obstante, es preciso tomar conciencia de esto, pues para construir un mundo más justo, democrático e igualitario tenemos como único recurso el diálogo abierto y democrático sobre estos temas. Detrás de estos temas hay sin duda mucho, pues finalmente lo que se está discutiendo no son sólo cuestiones legaloides, sino un modelo de sociedad.

sábado, 15 de agosto de 2009

Torvalds y su declaración contra el software libre

El 22 de julio pasado Linus Torvalds, el iniciador y líder del kernel o núcleo Linux, hizo una declaración importante en la revista Linux Magazine con relación a la integración de 20 mil líneas de código hechas por Microsoft al kernel de Linux para que la virtualización de Windows en GNU/Linux funcione mejor:

Soy un gran creyente en la “tecnología sobre la política”. No me importa de quien viene, siempre que existan razones sólidas para el código, y siempre que no haya que preocuparse por cuestiones de licencias, etc.
Puedo hacer bromas acerca de Microsoft, a veces, pero al mismo tiempo, creo que el odio a Microsoft es una enfermedad. Creo en el desarrollo abierto, y que en gran medida no sólo implica hacer la fuente abierta, sino también no excluir a otras personas y empresas.
Hay ‘extremistas’ en el mundo del software libre, y esa es una gran razón por la cual ya no llame a lo que hago “software libre”. No quiero que se me asocie a la gente para la cual OSS [open source software, software de código abierto] es acerca de exclusión y odio.

Afortunada o desafortunadamente toda acción y con toda, me refiero precisamente a eso, toda acción humana es una acción política. Desde ir a votar hasta ver la televisión pasando por tomar café, participar en una marcha, usar una computadora, leer el periódico, bueno hasta ir al baño, todo implica una acción política. Es una falsedad que la tecnología está sobre la política. La neutralidad política es imposible. Tomar una posición, así sea de una aparente neutralidad, es una acción política. Esta declaración de Torvalds es muy importante y trascendental para el futuro del software.
Un sector de los hackers ha mantenido una posición abierta en contra el código restringido de Microsoft y Micintosh. Una comunidad muy numerosa de hakcers y usuarios consideran que el software debe mantenerse abierto, libre y gratuito. Antes la comunidad hacker en general compartían la misma posición. Desde 1998 cuando Eric S. Raymond propuso el concepto de software de código abierto, los hackers se están dividiendo en dos grandes grupos: la del software libre, encabezada por Richard Stallman principal desarrollador del sistema GNU y la otra por el software de código abierto (OSS, por sus siglas en inglés), encabezada por Torvalds, Raymond y otros. Las dos corrientes filosóficas de los hackers todavía no los lleva a dividirse con respecto al trabajo. Mantienen un vínculo de cooperación muy estrecho y siguen desarrollando en red el software.
Las diferencias todavía no son muy claras a decir verdad. En primera instancia, algo importante es que la palabra “free” en inglés representa una ambivalencia semántica que no tiene el español. Free significa tanto libre como gratis. De ahí que tengan que aclarar a que free no es como en barra libre, donde las cervezas son gratis. Para evitar esta confusión propusieron incluso el empleo de una palabra en español en la frase “GNU/Linux is software libre”. Stallman y su filosofía del software libre considera que es legítimo vender el software por precios bajos, así como mantener una plena libertad para conocer y transformar el código, por lo que se debe mantener abierto. También implica la libertad para compartir y cooperar en conjunto. Las copias de GNU/Linux se pueden bajar de internet de manera gratuita o se pueden compartir los CD Live que alguien tenga. Pero más allá de eso, Stallman mantiene una posición política clara contra las corporaciones monopólicas del software, especialmente contra Microsoft. Para él la compañía fundada por Bill Gates y Paul Allen presenta una serie de acciones ilegítimas al ocultar el código con el que está hecho Windows, pues no se puede saber qué hace. Stallman ha denunciado en sus múltiples conferencias que con las actualizaciones que frecuentemente hace Windows, no sólo se descargan a las computadoras paquetes que mejoran o protegen el funcionamiento de la máquina, sino que se envía información a una base de datos de la compañía, tal como los nombre y los tipos de los archivos que hay en la máquina, los videos, la música, las páginas visitadas en internet, los mensajes hechos en el servicio de mensajería e incluso qué y a quién se le envió mail. Esto se ha convertido es un artículo de venta para la compañía de Redmond y que vende al mejor postor, además de proporcionarle un fuerte control sobre los usuarios de ese sistema operativo.
La postura del OSS no es muy clara, sobre todo porque sus declaraciones con respecto a los asuntos políticos es muy escasa. Torvlads no se quiere involucrar en esos tópicos. Él se considera a sí mismo un técnico y son sólo los asuntos técnicos lo único que a él le interesa, como pudiste leer en se declaración del principio. De acuerdo con Stallman la diferencia fundamental entre el software de código abierto y el software libre es que los primeros adoptan un discurso que no resulta repugnante para las compañías comercializadoras del software.
La comunidad ha tomado con recelo la inclusión de las líneas escritas por Microsoft en el kernel. No creen sea una acción altruista, sino que puede tener conflictos con las licencias y limitar la transformación del propio kernel. Ha habido algunos que critican la declaración de Torvalds, otros más que no comparen el extremismo de Stallman la recibieron con agrado. Lo que es un hecho es que esto refleja una profunda división entre los desarrolladores del software que no es de código restringido.
Algunas distribuciones de GNU/Linux como Ubuntu, declaran que la división entre el software libre y el código abierto no es algo de lo que participen. Saben que está ahí pero no se inclinan por ninguna opción. Declaran su compromiso de mantener su distribución con código abierto y gratuito. Y así podrían seguir las declaraciones de aparente neutralidad. No obstante estamos en un periodo de crisis que definirá lo que ocurra en el futuro con el software. Detrás de todo esto, no sólo son los programas de la computadora lo que se está discutiendo, sino el tipo de sociedad que deseamos construir. Yo no soy técnico, ni ingeniero ni tengo conocimientos en programación. Simplemente me interesan estos asuntos y trato de entenderlos pues finalmente lo que ocurra con ellos tendrá una repercusión en la sociedad y eso me importa. La problemática es profundamente compleja pues dentro de esta discusión se está discutiendo una ética de trabajo, una filosofía y desde luego un rumbo político. Por más que se quieran excluir estos temas de la política su repercusión es directa. La política no se restringe a lo que hacen los políticos, sino a lo que hacemos los ciudadanos. Esta crisis en el mundo de la programación de software abre la posibilidad de transformar la idea y finalidad del trabajo, de relacionarnos en sociedad y desde luego de la construcción del futuro que deseamos para nosotros mismos.

jueves, 6 de agosto de 2009

Los hackers y el software libre

De seguro has de haber escuchado alguna vez la palabra “hacker” que en el imaginario social se refiere a una persona que entra en equipos o redes computacionales sin autorización para robar información o causar daños. Bueno, déjame decirte que esa idea del imaginario social está falseada por varios intereses de corporaciones grandes de desarrollo de software.
La palabra hacker proviene del inglés hack que literalmente es el verbo recortar, entonces hacker significa literalmente el recortador o el que sabe recortar o el que recorta. Fue un término que se empezó a usar en el Instinto Tecnológico de Massachussets (MIT) que es una universidad norteamericana que tiene la fama de ser la punta de lanza en el desarrollo de tecnología del mundo. Con él se referían a un ingeniero que había logrado recortar (facilitar) un proceso en el lenguaje de programación. O sea una persona que había logrado hacer mucho más sencilla una acción en la computadora o bien que había desarrollado una nueva manera de solucionar un problema.
Actualmente, hacker ya no sólo se utiliza en el ámbito de la computación, se ha extendido a cualquier tipo de actividad. Un hacker es una persona que se divierte con su ingenio o que utiliza su inteligencia para solucionar problemas y por extensión implica al experto; pero un experto que se divierte y disfruta su trabajo y que es sumamente creativo.
Los hackers para evitar la confusión y deslindarse de quienes se estaban introduciendo a redes computacionales crearon el término cracker, que significa el que quiebra, o el que se introduce a una red ocultando su registro. Ellos son los que causan daños. Por eso es importante no confundirlos.
Los hackers han desarrollado toda una filosofía con respecto a la computadora. En principio, ellos no están de acuerdo con que sean las grandes corporaciones las que exploten el trabajo de los programadores. Con base en eso, los hackers desarrollaron software que ofrecen a la comunidad de forma gratuita. Porque ellos eligen ofrecer su trabajo a quien le interese, no sólo para que lo utilice, sino para continúe desarrollándolo, corrigiéndolo, transformándolo.
Entre muchas otras cosas, los hackers rechazan el sistema operativo que monopoliza el software en el mundo, ese es Microsoft Windows. Richard Stallman, un antiguo estudiante del MIT, entre muchos otros programadores, estuvieron desarrollando desde 1983 un sistema operativo libre, al que llamaron GNU; para ponerlo en funcionamiento en la computadora utilizaron el kernel o núcleo llamado Linux propuesto en 1991 por Linus Torvalds, un estudiante de la Universidad de Helsinki.
Para nosotros que no somos ingenieros ni técnicos en computación y no estamos familiarizados con los conceptos teóricos que usan, sólo es importante que entendamos dos cosas:
a) el kernel o núcleo Linux es un programa que hace que el software entre en comunicación con el hardware (monitor, disco duro, memoria, procesador, tarjetas, en fin la parte física de la computadora).
b) Gnu es un conjunto de herramientas de sistema o sistema operativo, que es lo que vemos en el monitor e interactuamos con él mediante el ratón o mause.
O sea, uno sirve para poner en comunicación y el otro sirve para funcionar. Si te quieres informar más te dejo este vínculo. La unión de los dos crea un sistema operativo llamado Gnu/Linux. Ahora, lo interesante del caso es que el resultado de Stallman y Torvalds junto con todos los programadores que participaron en su desarrollo (porque fue una labor conjunta en la que se involucraron muchísimos hackers en el mundo), es que escribieron sus programas en código abierto bajo una licencia que se llama GPL GNU (que en inglés significa licencia pública general de Gnu) y otras licencias libres. ¿Qué es esto de licencias libres? Bueno, los programas desarrollados por ellos son de código abierto, es decir cualquiera lo puede ver y transformar, así como distribuir libremente, incluso para las empresas privadas, con un costo sumamente bajo, cuando quieres comprar el CD Live o se puede bajar de internet de forma totalmente gratuita, sólo gastas en el disco compacto o dvd para copiarlo y poderlo instalar.
Actualmente hay varias distribuciones GNU/Linux entre otras se puede citar a Ubuntu, Debian, Redhat... en fin muchas y pueden ir creciendo con el tiempo, porque como te digo se hace libremente. Estas compañías se mantienen por donaciones o por organizaciones que se dedican a reunir dinero para que puedan funcionar. En el caso de Ubuntu la compañía se llama Canonical que inició con un capital de 10 millones de dólares que donó el empresario sudafricano Mark Shuttleworth y que tiene como fin patrocinar la distribución de ese software libre.
La filosofía del software libre es que los desarrolladores compartan y transformen sus creaciones, mismas que llegan hasta usuarios como nosotros que no conocemos prácticamente nada de computación, sin que esto implique una negociación económica. Se trata de compartir y de crear juntos. Es pues una forma de pensar, de actuar con respecto a la tecnología. GNU/Linux es compartir, es construir la tecnología socialmente para el servicio de la propia sociedad, sin que en esta acción implique el enriquecimiento de una compañía o un gobierno.
La filosofía que guía a los creadores de Microsoft es el lucro, el enriquecimiento personal. Sí, es ofrecer la tecnología para la gente, pero sólo a aquella que la pueda adquirir. Windows se basa en lo que se denomina el código restringido, es decir la manera en que se construye ese sistema operativo posee derechos de autor restringidos. Nadie los puede transformar y para emplearlos se requiere dinero, una transacción comercial. La filosofía de Bill Gates es la de “ayudar” a la gente con dádivas. Tiene una organización de ayuda humanitaria, pero como sabemos es mejor enseñar a pescar que darle a alguien el pez.

martes, 14 de julio de 2009

Nuevas utopías con el código abierto

El inicio de la década de los noventa estuvo marcado por la Glásnost y la Perestroika. El derrumbamiento del muro de Berlín daba inicio a una nueva era. No obstante, al conocer los horrores del socialismo real, surgió un profundo desencanto en las alternativas sociopolíticas y económicas. La ferocidad del neoliberalismo hizo aún más profunda la crisis de sentido. El desarrollo de la microelectrónica, la popularización de la computadora y el crecimiento mundial de las conexiones de Internet, así como la creciente cobertura de la televisión, han venido transformando la sociedad. La información se ha convertido en algo fundamental no sólo para la economía, sino también en términos políticos y sociales. De ahí que Manuel Castells califique a esta Era que vivimos como la de la Información.
La crisis de sentido que hemos vivido, entre otras cosas, se ha manifestado en una profunda ausencia de utopías. Por una parte, los viejos discursos revolucionarios de la década de los sesenta y setenta ya suenan ingenuos e inocentes. Con más entusiasmo que con aparatos teóricos metodológicos creaban utopías para oponerse al mundo estructuralista dividido en dos partes: el malvado mundo imperialista del capitalismo rapaz, contra el mundo socialista humanitario e igualitario. Pero Rusia nos enseñó el cobre y quedó desenmascarado su capitalismo de Estado. China, con profundos costos sociales, no ha declarado su cancelación del socialismo, pero igual mantiene un capitalismo de Estado. Cuba, pues ni qué decir... Fidel Castro no ha abierto la posibilidad de una alternancia en el poder por medios democráticos. La ausencia de apoyo de la ex Unión Soviética y el bloqueo económico que ha impuesto ya por muchos años a la Isla, mantiene a su población en una situación deplorable.
Sí, no hay utopías, pero quizá esta ausencia ha producido efectos positivos. Ya dejamos atrás la ingenuidad y la inocencia. Ahora nos sabemos en un mundo complejo, un mundo que ha vivido los desencantos de las revoluciones que prometían mejorar las cosas y que terminaron con un sistema igual de perverso que el que habían querido derrocar. Los ejemplos históricos nos han bastado para darnos cuenta de ello. La revolución francesa, la revolución mexicana, la revolución rusa, la china y la cubana. Todas han producido sistemas políticos totalitarios y no han logrado desaparecer la desigualdad y sus alcances han quedado en el terreno discursivo.
No obstante, la transformación tecnológica del mundo por la computadora, es la que ahora abre una posibilidad de crear nuevas utopías y alternativas políticas, económicas, sociales y culturales. Es precisamente en este mundo de las computadora donde se están enfrentando dos paradigmas que engloban no sólo aspectos computacionales, sino económicos y políticos: el del código cerrado, mantenido por Microsoft y por Mac y el del código abierto mantenido por GNU/Linux y la serie de distribuidores que hay de sistemas operativos basados en él. El código abierto propone un mundo en el que se comparten los conocimientos; un mundo flexible descentrado que no es monopolizado por nadie y en el cual pueden participar todos en la transformación del mismo código.
Hace poco leí en alguna página que quienes usaban alguna versión del GNU/Linux eran gente con mucho tiempo libre y nada qué hacer... La posición del cuate que escribió eso era que resultaba lo mismo el Windows que el Ubuntu. En términos generales y hablando sólo en términos computacionales y de programación casi es lo mismo. Nada más que con el casi se abre un abismo insalvable. Detrás de la elección de Ubuntu, se encuentra la aspiración utópica de construir un mundo democrático, centrado en el ser humano, un mundo donde no permea la lógica de mercado que mantiene desigualdades profundas y sistemáticas en la sociedad. Elegir GNU/Linux implica aspirar a un mundo diferente que no es dominado por las grandes corporaciones, sino por la gente común y corriente.
La utopía del código abierto surgió así, sin tener detrás una enorme corporación que sus únicas aspiraciones es la avaricia de tener poder. No, detrás de GNU/Linux están programadores comunes y corrientes: ingenieros que hablan UNIX y que aspiran a crear la utopía de tener un mundo abierto, democrático, igualitario, humanitario. Incluso ellos trabajan para corporaciones, pero aplican su derecho de hacer de su conocimiento lo que ellos quieran y no un artículo que pueden poseer con dinero las corporaciones.