lunes, 28 de septiembre de 2009

Copy left, Código abierto y Copy Right

En México las cuestiones legales muchas veces las pasamos por alto. Esto no sólo se presenta en los ciudadanos comunes y corrientes, sino en los niveles más elevados del poder. El concepto “estado de derecho” se emplea con una carga ideológica bastante mañosa por parte del Estado. Por ejemplo, cuando las “fuerzas del orden” propinan una golpiza a los manifestantes altermunditas o bien cuando golpean a mujeres, niños y ancianos en una manifestación contra el macrobús, nuestras autoridades justifican su actuar argumentando que no permitirán que se altere el “estado de derecho”. No obstante, a esas autoridades se les olvida que el llamado “estado de derecho” implica también que como Estado y como gobierno garanticen dignamente la alimentación, el vestido, la vivienda, la salud, la educación y el ocio a sus ciudadanos. Sin duda los leguleyos y los políticos son bastante buenos torciendo, a conveniencia, el significado de las palabras.
Quizá estamos tan acostumbrados a vivir en un orden legal que sólo tiene una existencia aparente y más bien priva la ilegalidad y la corrupción. Este estado de cosas está concentrado en varias frases que se han vuelto profundamente populares como aquella de que “el que no es tranza no avanza”. Los abogados en nuestro país tienen tan mala fama que se les llama “abogansters”, pues muchos de ellos actúan tal cual gánster (ladrones, asesinos, corruptos).
Desde luego que hay razones históricas para que en México se haya desarrollado esta cultura de la ilegalidad. Desde tiempos mesoamericanos hay evidencias de que en más de una ocasión los pueblos se levantaron contra sus dirigentes y fuertes y grandes civilizaciones como la teotihuacana parece haber desaparecido de un día para otro, lo mismo ocurrió en varias ciudades-estados mayas. En la colonia la corrupción fue de lo lindo. Fuimos gobernados por un rey que desconocía no sólo el territorio y su gente, sino las maneras de pensar, soñar y ser. En la conquista los europeos le contaron infinidad de mentiras al rey para evitar pagar el quinto real. Desde Hernán Cortés hasta Pedro Valivia, pasando por Nuño de Guzmán. Cuando se descubrieron las minas de Zacatecas, Potosí, Guanajuato, etc. con enormes e inimaginables riquezas, era más sencillo “arreglarse” con el visitador y los oidores, que enviarle el quinto real legal al rey. El territorio era tan inmenso que era prácticamente imposible manener un control y una supervisión adecuada. No sólo eso, incluso las misas autoridades coloniales tuvieron que desarrollar aquella bonita práctica de “se acata pero no se cumple” cuando el rey o el Consejo de Indias enviaban una ley que era imposible ponerla en práctica en la realidad americana.
En el siglo XIX y XX las cosas no cambiaron mucho. Después de la independencia el país quedó prácticamente desarticulado y gobernando por caciques locales. El Estado tuvo una larga marcha que recorrer para erigirse como una autoridad legal. Cuando lo logró, en el porfiriato, gracias a los ferrocarriles, al teléfono y al telégrafo, lo que se hizo fue entrar en negociaciones con los caciques regionales para que aceptaran las medidas del gobierno federal y éste dejaba manga ancha los los caciques para que “gobernaran legalmente” su dominios. Después de la Revolución, el sistema implantado por don Porfirio no se alteró en gran medida y continuaron los caciques regionales, con la novedad de que se crearon instituciones de control estrecho para la población hasta que se logró sustituir a las autoridades tradicionales por la nueva burocracia del Estado.
En la actualidad no hemos roto la dinámica de ilegalidad que nos ha permeado desde la colonia. Parece ocioso entonces hablar de la legalidad en los términos del software. No obstante, en este aspecto se está dando lo que puede ser una profunda transformación de la sociedad.
En nuestro país son muchos los que usan software que se denomina pirata. Las “copias de respaldo” de versiones de MS Windows se distribuyen que es un contento. Muchas personas no saben si quiera que su Windows proviene de una copia de respaldo (pirata pues) hasta que bajan una actualización del sistema operativo que les dice que no adquirieron una copia legal. Hay quien incluso reclama al técnico que lo instaló, cuando este les preguntó si querían pagar los 3000 pesos que cuesta el sistema ese a lo cual respondieron que no. Se bajan miles de archivos de música, películas, videos sin tener presente que esa actividad es ilegal. Incluso en los tianguis es fácil encontrar vendedores de software, de discos de música en formato mp3, dvd con películas... En fin la ilegalidad en términos computacionales es de lo más cotidiano.
Ante una realidad así es complicado referir que en el software existen tres tipos de licencias. Una que es gratuita y que otorga derechos para transformar con la única condición que des créditos a los creadores y que no restrinjas la distribución en ningún sentido con el añadido o corrección que se haya hecho. Esa licencia tiene por nombre licencia GPL/GNU que significa Licencia Pública General de Gnu, o también llamada Copy Left y que se opone a las licencias restringidas como son la Licencia de Código abierto. Este tipo de licencia se distribuye gratuitamente, aunque puede especificar que tan gratuita y que permisos se tienen para hacer transformaciones en la programación (o sea transformar el programa). O sea que es una licencia tipo copy right pero ligera, algo así como Copy Right Light. Por último, está el tradicional Copy Right tradicional que todos conocemos que impide la copia, la distribución y la transformación de los programas si no es con consentimiento del autor mediante un documento que lo avale.
Son tres modelos legales diferentes, uno que abre la puerta de par en par a la creación y a la distribución libre, el otro da ciertas oportunidades a esto y el último la impide con el fin de fomentar el lucro y “motivar” la creación de nuevos programas.
Esta discusión legal no tiene mucho tiempo. Antes sólo había dos tendencias antagónicas: la del copy left y la del copy right. La primera como ya lo dije tenía por finalidad otorgar los permisos legales para que los programadores pudieran crear, corregir y mantener el software asegurando la libertad, es decir impidiendo que un programador gandalla se aprovechara del trabajo de los otros con una modificación hecha por él, a la cual le introducía derechos de autor. Ese era el modelo que se había mantenido en el software libre como con GNU y con Linux. La otra tendencia legal era la mantenida por Ms Windows y Macintosh con su Leopard, entre otros. Ellos impiden las copias y la transformación del software.
Hace poco tiempo entre los programadores que mantenían el software libre hubo un rompimiento fuerte. Entre los programadores hay quienes no comparten la idea de desarrollar software libre, y quieren restringir un poco sus creaciones para obtener lucro con ellas. Fue el surgimiento del código abierto. Un software que es gratuito, pero que tiene ciertas limitaciones legales para ser distribuido y transformado, o sea un copy right light.
Hay varias distribuciones de sistemas operativos GNU/Linux, algunas de ellas son totalmente copy left, pero otras son de Código abierto (como Linux, Ubuntu...). Hay un fuerte desconocimiento con respecto a estos problemas. De hecho, muchos que forman la comunidad de Ubuntu ignoran esto (yo era uno de ellos y por eso promocionaba a este sistema operativo, como Raúl bien me lo señaló). Ignoraba por ejemplo que el explorador web Fire Fox era de código abierto con ciertas restricciones de copy right. Ignoraba y no comprendía también que el único explorador de software libre es el Opera... Sin duda es un universo complicado.
Entonces había estado cayendo en la defensa de algo con lo que no estaba de acuerdo. Sin embargo estas sutilezas legales en un país como el nuestro se pueden interpretar como una jugarreta. O sea en otras palabras ¿a quién le importa esto cuando vivimos en un país donde priva la ilegalidad? No obstante, es preciso tomar conciencia de esto, pues para construir un mundo más justo, democrático e igualitario tenemos como único recurso el diálogo abierto y democrático sobre estos temas. Detrás de estos temas hay sin duda mucho, pues finalmente lo que se está discutiendo no son sólo cuestiones legaloides, sino un modelo de sociedad.