Manuel había convivido con él desde las batallas contra los franceses. Llegó como subordinado de Porfirio para participar en el Ejército de Oriente y en la primera batalla que lucharon juntos fue en la de Miahuatlán. La amistad que surge en los hombres que comparten las armas suele ser profunda, sólida y honesta. En el zumbar de las balas y el retumbar de los cañones, los hombres deben confiar en el que tienen a su lado. Mutuamente se cuidan y se protegen. Por eso la amistad que surgió entre ambos estaba basada en la confianza. No fue de extrañar que se hicieran compadres. Su fidelidad, solidaridad y amistad duraría hasta el final de la vida.
Los franceses se fueron derrotados y Maximiliano fue fusilado. Juárez tomó la presidencia y vino una momentánea paz que duró hasta que don Benito estuvo vivo. A Porfirio siempre le gustó el poder y tuvo que batallar mucho para alcanzarlo. No sólo en el campo con el fusil, sino en las tribunas del Congreso donde "los perfumados", como él llamaba a los políticos que no se había formado en el ejército, se había burlado de él por los problemas de nervios que tenía al hablar en público. Esto lo supo Manuel. Quizá por eso renunció al puesto de diputado por Oaxaca que le ofrecieron. Él se sabía hombre de armas, no de discursos. Cuando Porfirio lo invitó para unirse al Plan de la Noria y derrocar a Sebastián, no lo dudó ni por un momento. Después de la derrota, las cosas no quedaron en Paz. La ambición de Porfirio era mucha. Manuel estaba consciente de esto y apoyaba a su compadre; por eso también lo siguó en el Plan de Tuxtepec que ese sí lo llevó a ocupar la silla. Los dos permanecieron muy cercanos. Manuel ocupó el puesto estratégico de Secretario de Comunicaciones y Obras Públicas. La urgencia era construir los ferrocarriles. Pero el congreso se oponía a que fueran los gringos los que metieran el dinero para tender las vías. Los miedos estaban bien fundados, no habían pasado ni 40 años desde que le habían arrebatado la mitad del territorio a la nación y dejarlos meter con sus locomotoras les facilitaría la invasión y la ocupación en caso de querer hacerlo.
Porfirio no era ningún tonto y cuando le pidió a Manuel que negociara con los norteños, primero tenía que asegurarse de que la intención no era la invasión. Manuel fue hábil negociando, tenía todas las cartas otorgadas por el presidente para que negociara con las grandes compañías el tendido de las vías en México pero sin que esto significara una posible invasión. De hecho logró que el gobierno norteamericano no metiera las narices en los asuntos del ferrocarril. Todo fue con compañías privadas.
Cuando lo logró, todavía era necesario convencer a los congresistas. Pero esa era una labor imposible. Después de tanto estar batallando para organizar las concesiones, Manuel tuvo que idear una estrategia que los diputados no les detuvieran en seco con sus discusiones interminables. La consigna era: construir el ferrocarril a toda costa.
Se reunieron los dos compadres con un montón de leguleyos y les pidieron que encontraran un resquicio en la ley para que el Congreso les dejara el camino libre. Después de estar lee y lee las leyes de arriba para abajo, de un modo y de otro, Manuel cayó en la cuenta que "era el gobierno" el encargado de dar las concesiones a compañías extranjeras. "El gobierno". No especificaba si era el Congreso, el Poder Judicial o el Ejecutivo. Al día siguiente, salió publicado en el Diario Oficial de la Federación el decreto en el que especificaba que el "gobierno", así sin aclarar, pero personificado por Porifirio y Manuel en la SCOP, tenían la capacidad legal de otorgar concesiones ferroviarias.
Todo este brete duró 4 años. Así es que cuando lo lograron, el periodo de Porfirio había acabado. Nadie mejor había para sustituirlo que su compadre, quien tan cerca había estado en las negociaciones del ferrocarril. Así que cuando llegó el momento, Porfirio sólo miró a Manuel y le dijo: "Sí, Manuel. Tu vas a ser el siguiente"...
sábado, 5 de marzo de 2011
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